quarta-feira, agosto 04, 2004

me acostumbré con el calor azul

Todavía no entré
en la casa de Frida Kahlo,
con sus paredes azules
y su portón cerrado.

Era una tarde de fiesta
por Benito Juarez
y por el petróleo protegido
de las ásperas manos del norte.

Era el claro equinoccio
de primavera.

Yo no pude ver
la cocina de temperos
y temperamentos
de Frida Kahlo.

Tampoco pude ver
como se ama a un hombre
que ama lo que sus obras
significan.

No supe como podría
ser un almuerzo com Diego
un dicho profundo
sobre la condición humana.

Los mariachis son austeros
como la casa de Frida Kahlo.